En las entradas anteriores, hemos explorado la importancia de la actividad física, la fuerza y el ejercicio para mantenernos en forma y saludables. Hoy, quiero profundizar en un tema sobre el que me gustaría tomaras nota, la diferencia entre caminar y el ejercicio estructurado.
Caminar está bien, pero no es suficiente
Puede que hayas oído hablar de la recomendación de dar 10,000 pasos al día o de dedicar 150 minutos semanales a la actividad física moderada, según las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esto es, sin duda, un buen punto de partida, pero ¿es realmente suficiente para mantener tu salud y bienestar?
Para aclarar esto, primero debemos entender la diferencia entre actividad física, ejercicio físico y deporte.
La actividad física es cualquier movimiento que implique un gasto calórico y que realices de forma voluntaria, como caminar, subir escaleras o moverte en tus quehaceres diarios. Cuanto más te muevas, más actividad física tendrás.
El ejercicio físico, en cambio, es una actividad física estructurada y planificada con ciertas repeticiones, intensidad y frecuencia, diseñada para obtener beneficios específicos, ya sea para la salud, el rendimiento o la estética. Generalmente, el ejercicio físico debería prescribirse y ser guiado por un profesional.
El deporte implica actividad física, pero tiene un carácter competitivo, donde los participantes siguen reglas y normativas específicas. Puede ser desde una competición local en tu comunidad hasta deportes a nivel mundial.
Entonces, ¿por qué es importante conocer esta distinción? Porque la base para cualquier actividad física efectiva es mantener una vida activa, donde te muevas regularmente en tus actividades diarias. Complementar esto con un entrenamiento estructurado, como el fortalecimiento muscular, el equilibrio y la movilidad, es crucial para un bienestar completo. Y una vez llegado a este punto de la pirámide, practicar, si se desea, un deporte con cierta seguridad de no lesionarnos.

De aquí se puede deducir que uno no debería hacer deporte para estar en forma, sino estar en forma para practicar algún deporte.
Por ello, recomendar deporte a una persona que no está en forma, no sería la mejor opción de actividad física, ya que en los deportes, por su carácter competitivo, los tejidos son sometidos a un estrés superior para lo que quizás no están preparado. De igual manera, la recomendación de caminar, tampoco debería prescribirse como un ejercicio físico, es una recomendación de actividad física, que, por otro lado, está claro que es mucho mejor que estar sentando.
La fuerza es fundamental
Como ya te he contado en anteriores publicaciones, cuando hablamos de caminar, es importante entender que no es un estímulo óptimo para mantener y mejorar la fuerza muscular, especialmente en el tren inferior (caderas, piernas, rodillas), donde se encuentran las fibras musculares rápidas (tipo II), las responsables de nuestra fuerza para caminar rápido, de sentarnos, levantarnos, subir escaleras y de nuestro equilibrio, entre otras de sus funciones. Caminar no desafía estas fibras de manera efectiva.
En un proceso de envejecimiento o en presencia de problemas de salud, es común experimentar una pérdida selectiva de fuerza y potencia muscular. Por lo tanto, caminar, por sí solo, no es suficiente para prevenir la pérdida de estas fibras musculares.
«No tengo tiempo, me duele la rodilla, me canso…» Estos son algunos de los obstáculos comunes que las personas mencionan cuando se trata de hacer ejercicio. Aquí radica la importancia de adaptar el ejercicio a tus necesidades y limitaciones personales. El ejercicio debe ser adaptado al individuo, no al revés. En mi anterior email te expliqué cómo comenzar, incluso si no dispones de mucho tiempo. Priorizando el trabajo de fuerza en las piernas con bajo índice de fatiga, progresando gradualmente e incluir, posteriormente, el trabajo cardiovascular, pero para esto último, una vez más:
La fuerza es clave para mejorar la función cardiovascular
El sistema cardiorespiratorio responde directamente al sistema muscular. Por lo tanto, fortalecer tus músculos es un paso esencial para mejorar tu salud cardiovascular, tu coordinación y tu equilibrio.
El equilibrio depende de la fuerza
Si tienes un componente de fuerza deficiente, es probable que experimentes problemas de equilibrio. El equilibrio no se trata solo de mantenerse en pie, sino de tener la capacidad de moverte rápidamente para plantar el otro pie y evitar caídas. Esto requiere fuerza y potencia.
Por lo tanto, es fundamental entrenar tanto la fuerza como la potencia, que es la capacidad de moverte rápidamente. Esto se logra con pocas repeticiones y suficiente descanso para evitar la fatiga. Además, mejorar la fuerza también mejorará tu coordinación y tu actitud cardiorespiratoria, ya que estos sistemas están interconectados.
Resumiendo, caminar es un buen comienzo, pero no es suficiente. Para mantener una salud óptima y sentirte fuerte y lleno de energía, es crucial incorporar un entrenamiento estructurado y adaptado a tus necesidades, centrándote en mejorar tanto la fuerza como el equilibrio.
En nuestras clases de Pilates Terapéutico, mis alumn@s saben la importancia que doy al trabajo de fuerza y el equilibrio. Con sesiones variadas y dosis suficientes para que produzcan las adaptaciones necesarias para la ganancia de fuerza y estabilidad.
Y tú, ¿cómo te sentirías al tener un plan de ejercicios personalizado que se adapte a tus necesidades y objetivos de salud? Cuéntame en comentarios y te ayudaré a encontrar la mejor solución para tí.
Si estás en este punto, donde deseas cuidarte y las recomendaciones que recibes son las de únicamente salir a caminar o no sabes a quién dirigirte para que te ayude a estructurarte en este viaje hacia un bienestar activo y saludable, pasa a la acción y ponte en contacto conmigo, déjame tus dudas en los comentarios, escríbeme o llámame al 609889763.
Con cariño,






